Infografía – Economía Regional de Cítricos


La ola importadora no se detiene. Pero no se trata de cualquier importación. Los guarismos del comercio exterior muestran que, mientras las importaciones de bienes intermedios caen por el efecto de la recesión y la desindustrialización, las importaciones de bienes de consumo final aumentan, poniendo en jaque a muchos productores locales. El escenario se presenta muy particular, mientras la producción permanece cuasi estancada y el consumo sufre un retroceso que ya lleva trece meses consecutivos, las importaciones de bienes de consumo finales subieron en el primer bimestre del año un 14,9% en valor y un 16% en volumen. El retroceso del 7,6% para el primer bimestre del año de las importaciones de insumos intermedios se asocia directamente con el achique de la producción industrial, que en febrero del corriente cayó un 6% i.a., y continúa sin perspectivas de reactivarse. El saldo comercial de marzo con Brasil encendió las alarmas. El déficit ascendió a 700 millones de dólares, casi el doble que el registrado en 2016. Se trata de una coyuntura compleja y difícil para muchos sectores productivos de las economías regionales. El aumento de los costos por la inflación (que en marzo superaría el 2%) y el precio del dólar congelado están generando hechos impensados hasta hace poco, como que en un país como Argentina, que produce bienes para alimentar a una población de un tamaño de diez veces a la suya, importe frutas y hortalizas que compiten con los productores locales, como se observó con los fuertes aumentos en las compras de naranjas provenientes de España y México, de manzanas chilenas o de mandarinas de Uruguay. Nuestro país tiene una larga tradición en la producción de esos alimentos y dadas sus condiciones naturales es competitivo. Pero la apertura importadora está haciendo que entren al territorio productos que en 2015 no había registro. En ese contexto, la crisis recae sobre los pequeños y medianos productores citrícolas que ven cómo los costos del transporte (por los aumentos en los combustibles) de la energía y de los insumos que utilizan crecen cada vez más, tornando inviables sus producciones por la rentabilidad negativa que obtienen; mientras que, del otro lado del océano, la Política Alimentaria Común de la Unión Europea reparte 60.000 millones euros en subsidios todos los años a sus agricultores y ganaderos (el 40% de su presupuesto), deprimiendo los precios fuertemente. En algunos casos se ha registrado una descapitalización de los productores y el encarecimiento del crédito por las elevadas tasas no les permite contar con el capital de trabajo necesario, lo que ocasiona dificultades a la hora de levantar la cosecha e impide que se mueva la rueda de la economía local. Desde las cámaras de productores se reclaman políticas públicas para paliar la situación. Por otro lado, la brecha entre lo que recibe un productor y lo que paga el consumidor en el comercio minorista es otro de los escollos, que llega a casi veinte veces en algunos casos. Este resultado de la concentración de las cadenas de valor en el eslabón final conlleva un doble perjuicio económico: encarece mucho el bien para el consumidor, por lo que su consumo cae, lo que afecta aún más al productor que vende menos que antes. Esta situación está ocurriendo con las principales producciones citrícolas locales, en un contexto en donde colocar los productos en el exterior se ha tornado dificultoso (las exportaciones se contrajeron en el primer trimestre de 2017, en particular por la caída de las ventas de naranjas a Brasil y Rusia) o como en el caso puntual del bloqueo temporal de los limones argentinos a su entrada en los EE.UU. por barreras paraarancelarias. No obstante, hoy el mercado interno se encuentra sobre ofertado en relación al consumo aparente, cuya demanda cae más por la pérdida de poder adquisitivo general de la población (efecto ingreso) que por el valor relativo del precio de los cítricos (efecto sustitución). Habrá que prestar atención a la evolución de esos sectores, porque la producción cítrica genera más de 100.000 puestos de trabajo.

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