El Paro Nacional Docente


“Lo primero que quiero hacer (de ser electa gobernadora) es convocar a los gremios docentes. Creo que es una medida que tiene que tomar el gobernador apenas asuma porque las clases empiezan en marzo, no podemos empezar a discutir a mediados de febrero y que muchas familias no sepan si las clases van a empezar o no. En diciembre el que asuma tiene que llamar a los gremios y a los maestros, tiene que dar un debate salarial…” Afirmaba, con el cinismo que caracteriza, sin excepción, a todos los referentes de Cambiemos, la hoy gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, en una entrevista concedida al canal TN del grupo Clarín en plena campaña para la gobernación/2015.

La oda de campaña a la educación pública, los docentes, su trabajo, su remuneración y todas las demás construcciones de marketing se quedaron en lo que eran: construcciones de marketing o, como dirían en el barrio, trampas atrapa-giles, ni bien asumió y hubo que poner manos a la obra a la verdadera política que el neoliberalismo doméstico había sido mandatado para llevar adelante, también en la estratégica Provincia de Buenos Aires.

Así, durante su primer año de gestión, Vidal arruinó la economía de los docentes bonaerenses al compás que el gobierno nacional hacía lo propio con el conjunto de los trabajadores argentinos adoptando todas las medidas recesivas que tenía al alcance de la mano, para garantizar la brutal transferencia de ingresos que hicieron efectiva y que terminó con el trágico saldo de que el 90% de los argentinos perdieron participación en el Ingreso Nacional para que mejore su posición el 10% más rico, al que Cambiemos representa. 

Con una inflación que, medida por el instituto de estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, trepó al 41% durante 2016, Vidal congeló los salarios docentes con una paritaria del 34%, robándoles, de un plumazo, a los maestros, 7 puntos de sus salarios, medidos contra la tasa de inflación general que -notemos, de paso- fue bastante más alta, unos 10 puntos por encima de la general, para los trabajadores de más bajos ingresos, entre los que encuadran los docentes, por la ponderación en sus canastas de consumo de rubros sensibles como alimentos y bebidas, transporte, servicios públicos y vivienda, que sufrieron los mayores aumentos. 

La realidad, aunque el foco se ha puesto en la Provincia de Buenos Aires, no fue mejor en otros distritos ni en otros gremios distintos del docente. Las paritarias promedio en la Argentina fueron del 32% el año que pasó. 

El desenlace era previsible. La pretensión de Mauricio Macri, sus funcionarios y gobernadores, de esconder bajo la alfombra los trágicos resultados de sus políticas en su primer año de gestión es inaceptable para los trabajadores. Y, en el caso de los docentes, doblemente inaceptable cuando tiene como interlocutor a un gobierno que se mueve en la ilegalidad al negar la convocatoria a la Paritaria Nacional Docente, instituida por Ley. Una negativa que, amén de la ilegalidad, deja a la educación pública librada a la suerte de las provincias, como ya sucedió en la década del ’90, provincias cuyas economías -y cuentas públicas- están al borde del precipicio debido a las políticas económicas oficiales. Si sumamos a este cuadro de situación la actitud del gobierno nacional y provincial que incluye, por un lado, la violenta campaña contra los docentes y sus principales exponentes, y, por el otro, la vergonzosa propuesta salarial anclada a la ficción inflacionaria de las metas del Banco Central (entre 12% y 17%), sin mencionar los escandalosos delitos económicos que protagoniza el presidente, su grupo familiar y funcionarios, no puede sorprender la multitudinaria movilización que, nucleando a 70 mil personas, encabezaron esta mañana los decentes de todo el país pero que acompañaron los trabajadores y todas sus organizaciones, incluidas la CGT y la CTA. 

Lo que ¿sorprende?, en cambio, es el negacionismo y falta de tacto del gobierno, con un Mauricio Macri que eligió calificar de “oportunismo” al paro nacional docente de 48hs, que alcanzó un acatamiento del 90% y se coronó con la masividad de la marcha, cuando las razones económicas que sustentan el profundo descontento de los docentes y del conjunto de los trabajadores se vuelven cada vez más inocultables y que ya cuantifican las encuestas al mostrar el vuelco de una tortilla donde, 15 meses atrás, el gobierno contaba con un mayoritario apoyo que hoy se ha vuelto un mayoritario rechazo por parte del 60%, por lo menos, de la sociedad. 

Mañana el mensaje que hoy entronizaron los docentes será replicado por el conjunto del movimiento obrero en una segunda jornada de movilización, lanzada por la CGT, a cuya convocatoria también se sumó la CTA, además del universo completo de organizaciones políticas, sociales y de empresarios nacionales. La unidad amplia y heterogénea la ha forjado el mismísimo gobierno: el derrumbe de la economía, del empleo, de los salarios, el avance de la pobreza, la indigencia y la desigualdad, tienen un costo que ningún gobierno puede eludir para siempre. La profundidad del retroceso al que Cambiemos ha sometido a la Argentina en tan breve lapso de gobierno ha signado la aceleración de la respuesta de sectores mayoritarios de la sociedad que, a poco más de un año de gestión, ya muestran signos de agotamiento que le están haciendo sentir a Mauricio Macri en el territorio que no puede controlar, que ya no son los estudios de televisión, las páginas de los diarios, o los despachos judiciales: se lo están haciendo sentir en la calle. En un año que recién empieza, que es un año electoral y que verá, antes de que termine este mes, el -tan esperado por millones de trabajadores argentinos- paro general confirmado por la CGT durante la misma marcha docente de hoy. 

El ministro Dujovne, actuando como vocero oficial, sostuvo en una nota publicada en el diario La Nación, hace pocos días atrás, en relación con las movilizaciones y paros de esta semana, que “son sectores que quieren que le vaya mal al país porque quieren que le vaya mal al Gobierno”. Además de desconocer, sólo para empezar, los más de 2.5 puntos de crecimiento de la desocupación y los 10 puntos de pérdida de los salarios, el gobierno desconoce los principios básicos del funcionamiento de la economía y, con ello, que sin salario no hay consumo, sin consumo no hay actividad y sin actividad no hay empleo y que, por supuesto, la rueda sigue girando cuesta abajo. Pero desconoce, por sobre todas las cosas, que la enorme mayoría de los argentinos somos trabajadores asalariados que no vivimos de la especulación financiera o de negociados empresarios favorecidos por las disposiciones oficiales, sino, precisamente, de nuestro trabajo y de nuestro salario. Y ese, es el principal mensaje de esta semana: mientras el gobierno se ha sacado la careta y expuesto la real disputa de intereses al reconocer al universo trabajador como su verdadero enemigo, los trabajadores han sido empujados a protagonizar la resistencia contra una política que atenta contra la salud de la economía nacional y, al fin de cuentas, contra sus propias vidas y su integridad como sujeto social y como personas. Es una batalla que recién empieza. Pero la lucha es la misma que ha venido tejiendo los avatares de nuestra historia desde que existimos como Nación. Se dijo muchas veces que “el pueblo es sabio”. En ese andamiaje de sabiduría popular, alguna vez se plasmó que “Sólo el pueblo salvará al pueblo”. Parece que, efectivamente, el pueblo trabajador está desempolvando la memoria histórica y reponiendo sus banderas en el escenario político nacional. Ya es demasiado tarde para un gobierno que no quiere pero tampoco puede dar marcha atrás con sus políticas antipopulares porque esas políticas son su razón de ser. Por eso, a este gobierno y a cualquiera que pretenda camuflarse para continuar con el mismo programa, le quedan apenas tres años. El 6,7 y 8 de marzo de 2017 serán recordados como los días donde se firmó el acta de caducidad de la nueva aventura neoliberal en la Argentina.