Mercancía y Estado


Así como la mercancía en el campo económico es un momento objetivado del proceso global de producción y circulación del capital, lo mismo ocurre en el campo político con el Estado, del cual sus instituciones son un momento objetivado del proceso global de producción y circulación del poder.

Pero esta objetivación se convierte en apariencia engañosa si no vemos que en las mercancías, antes de ella y dándole su sentido, se encuentran las relaciones de producción y que en el caso del Estado, la apariencia fetichizada del  Estado- Aparato frente a los sujetos sociales, lo hace aparecer como un tercero externo a las relaciones sociales fundamentales entre aquellos sujetos. Es sobre esta base que el aparato estatal se proclama-y puede ser habitualmente creído-custodio y agente del interés general, cuando en realidad se trata de la defensa de un interés parcial tendiente al mantenimiento y reproducción de las relaciones sociales existentes.

El interés general a que está referido el Estado, es un interés de clase, que –por eso mismo incluye un papel de custodia  en la reproducción de la clase dominada en tanto dominada. Pero el discurso desde el aparato estatal se postula servidor de un interés general indiferenciado: no el de las clases en la sociedad, sino el de la nación. La nación es la totalidad englobante de solidaridades que postula la homogeneidad de un “nosotros” frente al “ellos” de otras naciones. Por otro lado para que el Estado pueda ejercer la garantía coactiva sobre sus integrantes , se requiere su supremacía en el control de los medios de coacción, Esta supremacía queda delimitada territorialmente; por eso el Estado es, o tiende siempre a ser un Estado Nacional: su territorialidad es el ámbito de su supremacía coactiva y los sujetos sociales-en tanto nación- son el referente aludido por el aparato estatal en su postulación de servir un interés general.