Informe Mensual De Coyuntura N°8 – Enero 2017

En diciembre, la economía continúo mostrando algunos brotes verdes, aunque la recuperación está lejos de ser sólida. La inversión no ha abandonado su piso de manera definitiva, y el consumo sigue esperando a ser arrastrado por un repunte del salario real que todavía se hace esperar.

El empleo privado registrado continua su retracción, y las señales de reversión de la tendencia son todavía leves. Si bien pareciera que las preocupaciones por la caída en el nivel de empleo empezaron a ganar espacio en las agendas oficiales, la solución que plantean las autoridades (flexibilización de los convenios, y la reducción de las cargas patronales) es más dogmática que pragmática, y las recetas que se propician han demostrado ser completamente ineficaces.

El gobierno cumplió con sus metas fiscales para 2016 gracias al blanqueo de capitales. Si bien el cambio de autoridades en Economía planteó, desde lo discursivo, un mayor compromiso para con el achicamiento del déficit fiscal, todavía resta esperar si en un año electoral el oficialismo está dispuesto a acelerar el ajuste de las cuentas públicas, o si el giro es en realidad más retórico que programático.

Por lo pronto, el gobierno comenzó el año con un fuerte endeudamiento externo, que buscó anticipar la toma de poder de Trump. Para incrementar sus márgenes de acceso a los mercados, el equipo económico volvió a avanzar en la desregulación de los movimientos de capitales, aumentando una vez más el grado de fragilidad financiera de la economía argentina.

Las expectativas de inflación volvieron a aumentar en diciembre, alejándose aún más de las metas del BCRA. Estas son malas noticias para el gobierno, que hizo una apuesta fuerte por empezar a coordinar expectativas a partir de los objetivos de inflación de Sturzenegger. El panorama luce incierto en un contexto en que la política monetaria se vuelve más expansiva y la escasa tolerancia a la apreciación del tipo de cambio se hace evidente.

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