Un diagnóstico de lo que dejó 2016 y lo que se viene para 2017. El futuro desde una mirada sobre el origen de los fondos que le dan pulso al Estado…


“Los entusiastas de las rebajas tributarias tienen una curiosa trayectoria: se han equivocado en todo, año tras año”

(Paul Krugman)

 

El desempleo baja cuando mejora la actividad productiva. Hasta acá casi nadie discute ese postulado. El problema es que existen varios diagnósticos sobre cómo conviene mejorar la actividad. Dentro de esos diagnósticos, a su vez, suele haber varias definiciones. La ortodoxia considera que si se toman medidas a favor de la oferta, a favor de las ganancias de los inversores, estos inversores van a acrecentar la formación de capital subiendo las inversiones. La heterodoxia por otro lado, dice que las inversiones sólo pueden subir si se mejora la demanda agregada.

 

Son visiones irreconciliables. Y las dos adolecen, así planteadas, de distintos problemas. En el caso de la visión ortodoxa convencional, no hay evidencias empíricas en la Argentina que indiquen que una mejora en sus ganancias, por una reducción de impuestos -entre los que caben considerar los aportes patronales por la contratación de trabajo (formal registrado)-, sean un elemento determinante de mejoras en las inversiones, y por tanto en el nivel de actividad. Sí, existen algunas evidencias de lo contrario, cosa que se vincula con la importancia de la distribución del ingreso en nuestro país.

 

En efecto, un informe del ex viceministro de Economía, Alvárez Agis, citado por Marcelo Zlotogwiazda, recuerda que “entre 1990 y 2002 la suma de los aportes y contribuciones cayó del 49 al 34%, pero el desempleo entre esos mismos años creció del 7,5% al 17,4%; al contrario, a pesar del aumento del 37% al 41% en la suma de aportes y contribuciones que tuvo lugar en 2008, el desempleo mantuvo la tendencia descendente que tenía”.

 

En el caso de la otra mirada que postula el aumento de la demanda agregada desde el Estado, también existe una limitación: el Estado no puede realizar una expansión fiscal basada en aumento de impuestos (con hincapié en los progresivos) sin tener en cuenta que el sector privado se va a resistir a perder ganancias relativas, resultando en aumentos de precios para recuperar esas ganancias. Si los precios se pasan, respecto de los ingresos, lo que ocurre es una recesión.

 

En este orden de cosas, las dos miradas contienen problemas. En un horizonte extremo, si las ganancias empresarias podrían multiplicarse varias veces gracias a las reducciones impositivas, es muy posible que aumenten las inversiones, y la ortodoxia sería viable, de igual modo, si la demanda pudiera multiplicarse en cantidades varias veces gracias a la acción del Estado, también es factible que la respuesta sea en inversiones para atender esa demanda. Siempre hay quienes quieren ganar más y quienes quieren vender más, como camino para ganar más, acá y en cualquier parte del mundo.

 

¿Por qué no hay claridad sobre estos temas entonces? Por lo grados y los grises inherentes a la cuestión. En la Argentina las ganancias relativas de varios sectores empresarios superan a las de resto del mundo: el campo agropecuario exportador, la inversión financiera, el supermercadismo, las empresas de servicios con usuarios cautivos (multinacionales en general), las mineras.

 

Es en estos grises que nos encontramos con que la Argentina tiene mayor margen para corregir la demanda vía expansión fiscal que para mejorar ganancias vía exenciones impositivas. Pero el problema para ponernos de acuerdo, en tanto pacto social distributivo y productivo, radica en que como la discusión es de grises, todos los jugadores relevantes aprovechan a simular que son daltónicos.

 

Entonces la corrección del sistema sólo se puede realizar desde un Estado que esté capacitado para escuchar las necesidades de los sectores pero no para creer ciegamente sus postulados.

 

Durante 2016, ganaron los sectores que el gobierno quería que ganen, las energéticas, las multinacionales, los sectores exportadores del campo, los bancos extranjeros que disfrutaron de un país que colocó deuda en el orden de casi el 10% de su PBI, los buitres que cobraron más de lo que pedían, la estrategia geopolítica de Estados Unidos en Latinoamérica fue carne con la política internacional del gobierno. Ganaron todos los que querían ganar antes de asumir. “Exitosa salida del cepo”. El Estado fue un árbitro parcial en esta disputa, permitiendo varias mejoras en sectores claves (Shell mejoró su market share, quitaron retenciones al campo, se le perdonaron deudas a las energéticas, se le dieron créditos a gasíferas y empresas de luz, las automotrices fueron más libres de armar su estrategia regional sin el hincapié que antes se les exigía en la producción local, las empresas de medios no tuvieron más presiones para salir de posiciones de dominio oligopólico o monopólico, los buitres recibieron incluso más de lo que pedían, los bancos siguen ganando gracias a ingentes colocaciones de deuda y desregulaciones de ese mercado).

 

Ahora habrá que transitar la herencia de este año 2016 con ese nuevo dominio estelar de dichos jugadores. Lo que sigue será mucho más difícil porque ya no está el colchón de la herencia social del kirchnerismo, con indicadores aceptables en relación a lo que señala la historia argentina. Es verdad que también se resolvió parte de la herencia mala del kircherismo  (la restricción externa), pero se resolvió con un panorama de expulsión del bienestar social que puede agrandarse, porque la reconversión productiva contra la industria y a favor de sectores que no impulsan la actividad (gran parte de los mencionados) se va a sentir cada vez más (salvo que haya cambios de política económica).

 

¿A qué se le llama ajuste? Esto requiere una definición categórica. Ajustar, que suena a sanidad fiscal y monetaria, en realidad suele ser una transferencia de ingresos desde los sectores populares a los concentrados de la economía. Dentro de los sectores concentrados suele haber a su vez sectores que mandan y ganadores-pero- no-tanto. En este caso puntual, durante la gestión Prat-Gay ganaron los bancos extranjeros colocadores de deuda, las multinacionales de la energía (con perdones de deudas, tarifas crecientemente desreguladas, créditos, o con beneficios de market-share), otras multinacionales y el agro exportador.

 

A continuación un pequeño punteo para terminar de cerrar este pequeño diagnóstico.

 

  1. Cuando mejora el empleo es natural que mejore la proporción de los aportes a la seguridad social sobre el total de los ingresos del Estado, pretender divorciar el crecimiento de los impuestos, y del sistema solidario de reparto es un error que se vivió fuertemente con las AFJP. Desde 1994 (cuando se implanta el sistema de capitalización individual) en adelante hay una caída de la participación de los ingresos de la seguridad social, que acompañan una Argentina que se reconvierte hacia los sectores no transables en el mercado interno. Por otro lado a partir de 2007 se denota una recuperación de la proporción de las contribuciones a la seguridad social en el universo de los ingresos del Estado nacional. Esto ocurre en un marco de crecimiento y luego de haber dejado sin efecto la ley de flexibilización laboral de De La Rúa.

 

  1. El gasto público consolidado muestra en 2008 niveles similares y superiores a los de 2001 (fuente FMI). A partir de ese año fue creciendo sin detenerse hasta 2015. Si bien la inversión privada no crece en la misma proporción que el gasto público, sí es cierto que la cantidad de empresas crece de manera ininterrumpida entre 2003 y 2011. Luego entre 2011 (pico máximo) y 2015 la cantidad de empresas se mantuvo estable.

 

  1. El empleo público no expulsa empleo privado, si se miran las series de empleo público y privado, recién en 2016 hay una merma en el privado, explicada por otras variables. El empleo industrial es dinamizador de todo el empleo. Cuando mejora la industria mejoran también los demás sectores. Esto se debe a encadenamientos y a bienes difundidos de la economía. Cuando mejora el empleo industrial, suelen mejorar los salarios reales, con sueldos que le ganan a la inflación. Esto se debe a que la mejora del empleo industrial es el elemento que más fortalece el poder de negociación de los sindicatos. Entre los años 2003 y 2015, la inflación le ganó a los ingresos registrados sólo en 2003, en diciembre de 2004 y en 2014. En el año 2016 de la administración Macri, los ingresos subieron menos que la inflación. Siendo peor esta brecha para los estratos de peores ingresos.

 

  1. Hay una relación directa insoslayable, aunque difícil de cuantificar por sí misma, entre la mejora del empleo industrial y la reducción del desempleo.

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Fuente: gráfico extraído de Informes Técnicos 2016 de la Organización Internacional del Trabajo.

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Fuente: gráfico de elaboración propia en base a SIPA y EPH, Indec.

 

 

  1. La caída del consumo durante 2016 fue mayor a la caída durante 2014. Sin dejar de tener en cuenta que las caídas de 2014 parecían formar parte de una estrategia defensiva ante la pérdida de gobernabilidad creciente de ciertos actores fuertes en el sector externo de la Argentina.

 

  1. La brecha de ingresos también mostró mejoras en los períodos de intervención del Estado. La diferencia entre el decil 10 y el 1, en el tercer trimestre de 2016 ha vuelto a niveles de 2010, luego de tocar su mejor momento, en equidad, en 2015. A su vez el Indec actual ha medido 32,2% de pobreza en junio de 2016, y usando esa misma metodología consideró una pobreza de 42% en 2006. La mejora está reconocida por el gobierno actual.

 

  1. A su vez la deuda tuvo menor peso en las cuentas públicas durante la época del desendeudamiento iniciado con los canjes en 2005, el pago al FMI y profundizado con el canje en 2010, esto favoreció un ciclo virtuoso donde mayor porción del gasto público se podía dedicar a gasto social o de capital en vez de atender intereses de la deuda. Es cierto que desde 2012 no tuvo tanto sentido el desendeudamiento en términos teóricos, sin que haya evidencias de haberse podido evitar en el terreno práctico, producto de disputas políticas y geopolíticas. Durante 2016 este tema vuelve a ser gravísimo. La deuda creció un 10% del PBI aproximadamente, y la deuda pública externa creció casi un 55% sobre sí misma en relación a su volumen en 2015.

 

En síntesis, para lograr un cambio a favor de los trabajadores durante 2017, el gobierno debería asociar consumo a actividad interna (el Procrear hasta 2015 es ejemplo), por el contrario, todo ajuste, en el sentido descripto, sólo puede causar más ajuste como ya se ha visto este año. Los ciclos suelen tener varias cuestiones procíclicas, de manera tal que cuando hay recesión (como ahora), que acumula 2,4% de caída al tercer trimestre de 2016, baja la recaudación, baja el consumo, baja el gasto público y baja la inversión. Mientras que en épocas de auge todo sube. No se trata de apuntar a la demanda desconociendo las porciones mínimas de ganancia (mark-up) o de apuntar a las ganancias olvidando que si no hay ventas no se produce. No se trata de tomar ninguna medida aislada, sino de planificar la integralidad de las medidas para fomentar el crecimiento, con desarrollo e inclusión, en base a la promoción de sectores específicos y estratégicos de la economía. En cualquier caso, un país se construye con plan. Con una idea de a dónde se quiere llegar, y eso se hace enfrentando intereses. El problema del gobierno del ingeniero Macri es que es “fuerte con los débiles y débil con los poderosos”. No tiene un plan de desarrollo.