Crónica económica del año que cambiamos


La economía del gobierno macrista se precipita hacia el subsuelo de lo socialmente intolerable.

La maxidevaluación del peso que, entre diciembre de 2015 y diciembre de 2016, alcanzó el 65% y la eliminación de retenciones al agro (reducción del 5% en el caso de la soja), a la gran industria multinacional exportadora y a la minería, tuvieron su correlato en un angustiante salto inflacionario: luego de una desaceleración de más de 15 puntos porcentuales (p.p.) durante el año 2015, la política de la ortodoxia neoliberal, casi duplicó la tasa inflacionaria durante 2016 llevándola hasta el 44,8% anual, 20,9 p.p. por encima de la de 2015 (23,9%). Sin embargo la inflación no debe ser observada aisladamente, sino a la luz de la evolución de otras variables sensibles, fundamentalmente: los salarios de los trabajadores. El problema radica en que éstos vieron, durante el primer año de gestión del nuevo neoliberalismo argentino, derrumbarse la capacidad adquisitiva de sus ingresos, cuyo crecimiento nominal (30%) se ubicó, en promedio, unos 15 puntos por debajo del crecimiento de los precios. Pero el martirio del pueblo trabajador no estuvo signado exclusivamente por el daño sobre sus ingresos sino que tuvo como rasgo saliente una alarmante destrucción de fuentes de trabajo: la tasa de desocupación, por primera vez después de doce años, volvió a crecer para ubicarse, en el tercer trimestre, en 8,5%, más de 2,5 p.p. por encima de la de 2015, lo que significa que más de 1 millón de trabajadores se encuentran desocupados, unos 32o.000 más que los que se contaban un año atrás.
En términos macroeconómicos, los resultados son los esperables. La primera variable en resentirse fue el consumo, que acumula once meses consecutivos de caída, hasta noviembre, con un retroceso de -3,3%. Al desplome del consumo, que midió -5,5% en noviembre, le siguen otras variables, entre ellas, la inversión (-8,3% en el tercer trimestre) que se ubicó más de dos puntos porcentuales por debajo del promedio de los doce años previos, medida como porcentaje del PBI. La capacidad instalada de la industria, para el promedio de los diez primeros meses de 2016, se encuentra casi 5 p.p. por debajo del promedio de 2015 para el mismo periodo, lo que adelanta las pocas chances de mejora de la inversión en el horizonte futuro.
El hecho de que sólo el 64% de la capacidad instalada de la Industria esté siendo utilizada habla, de hecho, de uno de los sectores que más ha sufrido las políticas oficiales. La industria atraviesa (a noviembre) su décimo mes de caída consecutivo, acumulando en los primeros once meses de 2016 un retroceso interanual de 5%. Sumado al aumento de costos (devaluación más inflación) y caída de la demanda debió enfrentar la competencia de bienes de consumo importados que el gobierno permitió ingresar tras demoler el esquema de administración del comercio y protección de la industria nacional. Mientras las importaciones de bienes para la producción industrial sufrió un retroceso del 10%, producto de la recesión, las de bienes de consumo que compiten con nuestra industria crecieron un 10%, durante los primeros once meses del año. Fueron los trabajadores del sector quienes pagaron las consecuencias de la política económica: para el segundo trimestre del año, más de 25.300 trabajadores industriales (registrados) habían perdido sus empleos. El deterioro de la matriz industrial se cristalizó, también, en el nuevo mapa de exportaciones. En los primeros 10 meses del año Argentina perdió 1.053.000.000 de dólares con respecto al año anterior, por el desplome de las exportaciones. En conjunto, retrocedieron, entre enero y octubre, más del 2%. Pero el derrumbe no fue para todos parejo. Las exportaciones primarias avanzaron casi un 13%, en cambio, las manufacturas de la industria retrocedieron un 10% y las manufacturas agropecuarias, un 4%.
Como el industrial, la mayoría de los sectores productores fueron afectados por el cambio de régimen económico. El caso de la Construcción es el más paradigmático. Desde que Mauricio Macri asumió, acumula once meses consecutivos de caída y un retroceso superior al 13%. El empleo formal en el sector de desmoronó 12%, con más de 56.000 trabajadores (registrados) que perdieron sus empleos, para el segundo trimestre del año. Una parte importante de este resultado se explica por el comportamiento del sector público. La política oficial sobre el gasto público, caracterizada por un fuerte ajuste en términos reales, tuvo puesto el acento en el recorte sobre los gastos de capital (la inversión del Estado, como la Obra Pública), que sufrieron una caída de 25% real interanual en 2016.
El conjunto de políticas y resultados económicos reseñados en este informe, terminaron por configurar el cuadro de severa recesión que atraviesa la economía nacional. La evolución de la actividad económica a lo largo del año, después de haber crecido 2,6% en el año anterior, ha ido profundizando la recesión, con una caída en el PBI del -3,4% en el segundo trimestre y del -3,8% en el tercero. Octubre volvió a resaltar que seguimos cayendo, con un rojo de -4,7% que preludia, junto al -3,9% de noviembre que anticipan mediciones privadas, que el último trimestre del año ratificará la tendencia recesiva.
Como siempre hemos sostenido, la economía no es inocua. Con el cambio de régimen, algunos pocos ganaron donde muchos perdieron. Así, sólo el 10% más rico de la población (decil 10) logró mejorar, fruto de la política de transferencia regresiva de ingresos, su participación relativa sobre el ingreso nacional (+1,6 p.p.), acumulando para sí la suma de los retrocesos de todo el resto de la sociedad: los más pobres (decil 1) perdieron 0,1 p.p., los sectores de ingresos bajos (deciles 2 y 3) perdieron 0,4 p.p., los de ingresos medios (deciles 4 al 6) perdieron 0,5 p.p., los de ingresos medios-altos (deciles 7 y 8) perdieron 0,5 p.p., en tanto los de ingresos altos (decil 9) no modificaron su posición.
Decíamos al comienzo que una de las primeras medidas del gobierno fue la brusca devaluación de la moneda -presentada como “levantamiento del cepo”- que habilitó la compra ilimitada de dólares y, con ella, la fuga de divisas. Durante 2016 la fuga creció un 108% en relación con 2015: creció más del 84% la Formación de Activos Externos (FAE) del Sector Privado No Financiero (compra de dólares para ahorro, tanto dentro como fuera del país), creció 1.033% la remisión de utilidades y dividendos al exterior y los intereses de la deuda casi se duplicaron, con una expansión superior al 96%. Si desagregamos la FAE (noviembre 2016), la adquisición de dólares billetes fue concentrada por 703.000 pequeños compradores donde el 45% de las operaciones fueron por montos inferiores a los 10.000 dólares mensuales. Por su parte, la compra de dólares divisa (para girar al exterior) fueron concentradas por apenas 950 operadores donde el 82% de las transacciones superó los 2 millones de dólares. En el caso de las personas jurídicas, ese universo se remite a las empresas multinacionales así como (pocas) grandes empresas de capital nacional. En el caso de las personas físicas se trata de un núcleo inferior al 10% de la población, el más rico dentro de la pirámide de ingresos. Lo mismo cabe inferir para el caso del turismo exterior. Ese 10% privilegiado dolarizó el excedente que logró capturar fruto de las políticas de transferencia regresiva de ingresos, manteniéndolo “debajo del colchón” o en cajas de seguridad o, directamente, girándolo al exterior.
La fuga de divisas contabilizó un total de 25.510 millones de dólares durante los primeros once meses de 2016. Si sumamos el flujo de divisas por turismo, la salida neta trepa hasta los 31.650 millones de dólares. Paralelamente, a lo largo de 2016, el gobierno impulsó una política de sobreendeudamiento externo que sumó 48.772 millones de dólares entre enero y noviembre, de los cuales el 73,2% corresponden a emisiones del gobierno nacional (unos 35.700 millones de dólares). Esa abultada carga tuvo, en gran medida, como destino insoslayable, atender la vocación fugadora de un pequeño sector privilegiado, junto con los intereses de las multinacionales extranjeras que extraen el fruto del trabajo de los argentinos para girarlo al exterior y el capital financiero internacional que se ha beneficiado y se beneficiará con el flujo de intereses de una deuda vertiginosamente creciente.
Paralelamente, para contener la demanda de divisas y el tipo de cambio en el entorno de los 16 pesos, el Banco Central instrumentó una política de elevadísimas tasas de interés, a través de la emisión de LEBAC, cuyo stock se multiplicó por 2,5 veces, entre noviembre de 2015 y noviembre de 2016, alcanzando los 660.680 millones de pesos, mientras que el monto de intereses se duplicó, ascendiendo a 14.700 millones de pesos mensuales. Esto pone en evidencia, de la mano con la evolución del endeudamiento externo y la duplicación de la fuga de divisas, el elevado costo de la liberalización del mercado cambiario que vino a satisfacer la apetencia de dólares de los sectores minoritarios a cuyos intereses sirve el gobierno que encabeza Mauricio Macri.

Cambiamos. Tanto que los únicos privilegiados ya no son los niños. Ahora lo únicos privilegiados son el 10% más rico, junto con las multinacionales extranjeras y el capital financiero internacional.

Leer el Informe completo. De punta a punta, el año económico. Cuadros de referencia, análisis y opinión de la economista Fernanda Vallejos.