Teoría de las tres desigualdades


Desde hace más de tres décadas el tema sobre la distribución de los ingresos en los países desarrollados ha empezado a ser objeto de atención por diferentes gobiernos, organismos internacionales y economistas a nivel mundial. Actualmente contamos con teorías que explican la mayor parte del mundo económico conocido. Podemos explicar los movimientos de las balanzas comerciales y de pagos, la evolución de los precios por los ciclos monetarios, la reacción del mercado de trabajo ante cambios en el salario, entre muchos fenómenos socio – políticos – económicos, pero en lo que refiere a la desigualdad, este es un campo con mucho que descubrir pero a veces poco profundizado

Para hablar de desigualdad debemos remitirnos primeramente al concepto llano de la misma, la Real Academia Española la define como “relación de falta de igualdad entre dos cantidades o expresiones”, pero esta definición queda incompleta en lo que refiere al objetivo de este trabajo. Siguiendo con el mismo proceso, la definición de desigualdad económica podemos conceptualizarla como “la disparidad fundamental que permite a una persona ciertas oportunidades materiales y se las niega a otra”. Este concepto agrega la falta de igualdad en relación con oportunidades materiales, es decir todo aquello que se puede intercambiar en una economía. También encontramos los términos definidos en la primera cita como “cantidades o expresiones”, pero en este caso pone una unidad de medida: las personas.

Si realizamos el mismo ejercicio con el concepto que plantea la “desigualdad social” encontraremos que esta es la situación social y económica desigual entre ciudadanos de un Estado o entre distintos países. Observamos que esta definición agrega el componente social. Cuando se refiere a “situación social” lo hace apuntando a la inequidad que existe ya no solamente en el aspecto meramente económico como concepto de acumulación de riquezas sino que hace referencia al bienestar social, encuadrándolo en el cumulo de productos y servicios básicos así como también las necesidades básicas insatisfechas.

Existe una tercera vertiente de la desigualdad, la desigualdad política. El premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz se refería a este concepto en su libro “La Gran Brecha” y decía que “La desigualdad no es inevitable, ni es consecuencia de leyes inexorables de la economía. Es cuestión de políticas y estrategias”. Podemos distinguir una apreciación inserta de manera natural en el estudio de la economía, que la desigualdad se debe a una combinación de necesidades crecientes a un nivel geométrico y recursos escasos que crecen a un nivel aritmético. Ya lo planteaba la teoría malthusiana hace más de tres siglos,  donde Malthus en su libro “Ensayo sobre el principio de la población” planteaba que el ritmo de crecimiento de la población responde a una progresión geométrica, mientras que el ritmo de aumento de los recursos para su supervivencia lo hace en progresión aritmética.  No consideró el hecho de que la tecnología también crece, y por tanto, crecen métodos para desarrollar más alimentos.

Derribado algunos falsos dilemas sobre la generación de las desigualdades por causas inexorables a la economía, Stiglitz habla de políticas y estrategias. Cabe preguntarnos, ¿Qué hace más grande ese abismo entre ricos y pobres? ¿Cuál es el objetivo oculto de los actores que encrudecen las desigualdades? ¿Acaso existe un propósito más allá del incremento de las arcas de unos pocos en detrimento de los muchos?

Si la cuestión solo se tratara meramente de la acumulación de riquezas la solución pareciera ser obvia, de forma coercitiva quitarle a los ricos una parte para equiparar con los que menos tienen ya sea en forma de altos impuestos, de transferencias directas a las clases más bajas o subsidiando productos y servicios de alto precio para mejorar el salario real de las personas. Pero esta solución a pesar de ser obvia no es sencilla. Los ricos no quieren pagar más impuestos ni tampoco quieren – muchas veces – invertir en actividades productivas que implican un riesgo para aumentar el tamaño de la torta a repartir, prefieren los negocios financieros y especulativos que le brindan cierto manto de seguridad. Pero no se trata únicamente de una actitud egoísta y avariciosa de los que más tienen. Existe un trasfondo más complejo que involucra el concepto de “lucha de clases” de Marx. “La historia (escrita) de todas las sociedades existentes hasta ahora es la historia de la lucha de clases” decía Karl Marx, pero la definición clara de esta lucha de clases refiere al conflicto político que existe entre los más ricos y los más pobres por la repartición de los recursos. En este sentido, los de mayores recursos pugnan sus intereses en incrementar la riqueza para ejercer cierto control sobre los de menores recursos, que en su lucha intentan equiparar sus ingresos para arriba pero del conjunto de la sociedad y no únicamente de una elite. Nicolás Maquiavelo refería a que estos conflictos se originaban por los “tipos de vida” que se pueden encontrar en una sociedad organizada políticamente: por un lado el del pueblo y por otro el de “los grandes” (los que gobiernan al pueblo). La división social es propia del orden político.

Vemos entonces que la desigualdad entre los más ricos y los más pobres ya no solo tiene una cuestión económica implícita basada en la inequidad en la acumulación de recursos, ahora le agregamos la cuestión social como un conflicto entre diferentes estratos sociales por ostentar un nivel de vida – una vida de lujo para aquellos de la cima y una vida por lo menos respetable para los de la base – que hacen a una sociedad.

La pata política es la que permite unir las dos anteriores (social y económica).  En el libro anteriormente mencionado Stiglitz menciona que existe un “círculo vicioso por el que el aumento de las desigualdades económicas se traduce en desigualdades políticas, que otorga un poder ilimitado al dinero […] Las desigualdades políticas, a su vez, aumentas las desigualdades económicas”. Él se refiere como desigualdad política a cierto descontento de la sociedad estadounidense hacia la política y la perdida de la fe en los políticos y el Estado luego de los sucesivos rescates millonarios de parte de la Reserva Federal a los Bancos luego de la crisis de las hipotecas suprime, mientras que millones de ciudadanos quedaban en la banca rota y hundidos en la pobreza.

Continuando con la línea del Nobel de Economía, el concepto de desigualdad política pero traído a suelo argentino la definimos como la correlación de fuerzas políticas y económicas que permite a ciertos actores (ya sean económicos o políticos) generar una distorsión sobre la percepción que tienen diversos sectores de la sociedad sobre la política, los políticos y el rol del Estado. Esta distorsión tiene como objetivo alejar a las masas de la discusión política y cuestionar el rol del Estado como regulador de  la economía, para dar lugar a una economía de libre mercado.

Mediante el ejercicio de la desigualdad política se crean las condiciones de dominación económica y social. En Argentina hemos visto claros ejemplos en la historia de la puesta en práctica de la misma. Ya con la dictadura se buscó crear una distorsión mediante la represión y el estado del miedo para lograr el disciplinamiento político, la dominación económica y la desigualdad social. En la década del noventa el método elegido fue otro. Como método distorsivo se optó por alejar la discusión política por una falsa realidad económica (la convertibilidad), donde los políticos eran de la farándula, de la pizza y el champagne. Sabemos cómo terminaron ambos periodos, con fuertes crisis económicas, sociales e institucionales.

Actualmente, el modelo macrista ha empezado a implementar su estrategia para lograr la desigualdad política. Lo ha hecho mediante la persecución política como forma de desviar la atención de la sociedad sobre los saqueos económicos que se producen día a día. Es innegable que la realidad actual es diferente a los ciclos pasados por muchas razones, pero en el periodo actual el modelo de cambiemos se ha beneficiado por el auge de las comunicaciones y redes sociales, que ha sabido aprovechar para crear un entramado comunicacional que sumado a la concentración monopólica de los medios de comunicación tienen por objetivo día a día desviar la discusión política a otros temas. En un contexto donde casi la totalidad del aparato mediático (tanto del gobierno como de las corporaciones) está puesto a disposición para informar lo que ellos quieren y que la población consuma sus pseudos verdades, parecen haber obtenido la herramienta indicada para profundizar la desigualdad política.

Analizando los hechos anteriormente presentados es posible saber cómo continua este proceso. Un incremento de desigualdades económicas que se traduce en un incremento de desigualdades sociales y por último y gracias a los mecanismos de dominación puestos en marcha por los medios de comunicación y el gobierno, una profundización de la desigualdad política, alejando a la gente a la que ya despojaron de los bienes materiales de la creencia en la política, los políticos y el rol activo del Estado en la sociedad y en la economía. Este círculo de las tres desigualdades tiene un solo objetivo: el saqueo económico y la dominación política.