Incongruencias en la política de comercio exterior macrista

La política de comercio exterior de la actual gestión de gobierno presenta varias incongruencias entre los objetivos políticos económicos y sociales que propusiera la alianza Cambiemos en su plataforma electoral, enfocados en la mejora de la economía en general y la eliminación de la pobreza en particular, y los resultados que, en principio, muestra la realidad.

Podría pensarse que la estrategia de devaluar la moneda llevada a cabo por el Ministerio de Hacienda, va de la mano de pensar mejorar el saldo comercial, ya que con la medida se incrementan las ganancias en pesos de los sectores exportadores en pesos, lo que, según la visión ortodoxa tradicional, derrama una serie de beneficios para el resto de la economía, en términos de mayor empleo, consumo doméstico y actividad interna. Este razonamiento no está cien por ciento equivocado, pero dada las características de la economía local, la coyuntura internacional y una serie de medidas en contrasentido impulsadas por el propio ejecutivo, pareciera que nada de eso estaría sucediendo. Como colorario, la mentada devaluación solo ha significado una pérdida del poder de compra de los asalariados, a favor de los grandes conglomerados exportadores y un principio de recesión económica.

El principal inconveniente radica en que la abrupta devaluación de la moneda, también llamada por los medios hegemónicos “salida del cepo cambiario”, no ha tenido hasta el momento su correlato en el aumento de la producción de bienes transables. Esto se debe principalmente a dos motivos. Por un lado, la característica de los principales productos agropecuarios que argentina exporta, cuya producción en parte ya está realizada, la ganancia del productor depende de varios otros factores, los que no solo mejoran con la modificación del tipo de cambio, como son los precios exógenos, el poder de negociación con los exportadores o las grandes multinacionales proveedoras de insumos que determinan gran parte de sus costos.

Una devaluación por sí sola, y sin tener en cuenta las complejidades de las cadenas productivas internas, solo produce un efecto de transferencia de ingresos de los sectores más débiles a los grupos más concentrados, al aumentar los productos en el mercado interno y se aleja de la idea de tipo de cambio competitivo. Tal es así, que en muchos casos, los productores más débiles de las economías regionales como miel, peras, manzanas y lechería en los últimos meses solo han visto empeorar su situación. Por causas estructurales, las mejoras que se auguraban sobre los sectores primarios, y en particular sobre las economías regionales, probablemente se focalicen un pequeño grupo económico relacionado con etapas de elaboración y comercialización de los productos, con una escasas o nulas externalidades positivas sobre el sector primario y los trabajadores.

Por otro lado, el contexto internacional actual en el que nuestros principales socios comerciales ven caer o mermar el crecimiento de su nivel de actividad hace que la devaluación realizada en Argentina no produzca un aumento de las ventas externas porque el principal problema no es de precios sino de menor demanda exterior a causa de la  recesión mundial. Asimismo, vale aclarar que nuestros principalmente socios también deprecian sus monedas.

Por otra parte, a pesar de verse una desvalorización del peso argentino entre el 45 y 50 por ciento con respecto al dólar, el constante incremento de precios internos (por quita de subsidios, retenciones, controles más laxos, etc.) va erosionando de apoco la competitividad cambiaria ganada, ocasionando que las pymes locales pierdan terreno.

Los guarismos el intercambio comercial argentino de enero de este año con Brasil, principal socio comercial argentino, confirman lo señalado, con una caída del 19,7 % respecto del mismo mes del año pasado, hasta 1.313 millones de dólares; con un desplome de las exportaciones del 37,8 % contra un 3,1 % de las importaciones. El déficit en el saldo comercial con el país vecino pasó de 69 millones en enero de 2015 a 339 millones de dólares en enero de 2016. Se espera que para el 2016, tras anunciar una nueva serie de recortes, Brasil contraiga su economía un 2,5%, empeorando el panorama argentino.

En paralelo, varios sectores registraron una caída en ventas o producción respecto de enero del año pasado, como el automotriz, la construcción, el textil, electrónica y línea blanca. Se combina así un escenario de estanflación económica. Aumento de precios de alimentos, menor ingreso disponible, menor consumo.

El aumento del tipo de cambio contrae las importaciones. Pero dada las características que está tomando la dinámica industrializadora del modelo económico de los últimos años no pareciera contribuir a la sustitución de las mismas, principalmente por el aumento de los precios internos y la baja en la protección industrial, la tan mentada competitividad pareciera tener un efecto escasamente marginal en la actividad económica.

En el contexto descripto, los precios de los productos industriales tienden a subir fuertemente, lesionando la demanda y el mercado interno, por lo que será difícil compensar el deteriorado escenario internacional.  El complejo industrial, altamente demandante de insumos intermedios importados, sufre el doble impacto en la demanda, caída de las exportaciones por dificultades de los países que compran a Argentina y la merma del mercado interno por la recesión. Así, parece sumamente riesgoso en cuanto a producción apostar por una caída del salario real cuando se discutan las paritarias, ya que el mercado interno no podrá balancear la magra situación que se ve afuera.

A dicha situación hay que sumarle el hecho de que en no pocas ocasiones, la administración de gobierno alardeó que usaría la apertura económica para disciplinar a los productores y comercializadores locales ante la estampida de precios. Si ese evento se produjese, sería otra amenaza para la industria nacional, no solo en el sector industrial, sino también agropecuario, ya que muchos de los señalamientos han sido para la importación de carne vacuna, ante los elevadísimos precios que exhiben esos productos en las góndolas de los supermercados.

Lo visto hasta ahora no permite ver cuál será el rol del comercio exterior en el actual esquema económico, o al menos no queda muy claro. La quita de las retenciones que si bien puede tener cierto impacto positivo en la producción, lesiona enormemente los ingresos públicos en un contexto en donde se acusa al déficit fiscal de ser la causa de la inflación, eleva el costo de vida interno  y posee un impacto escaso en la creación de empleo directo. Pero no solo eso, estas situaciones también generan dificultades en materia política, porque plantea señales contradictorias con los sectores asalariados, en un momento donde se deben poner a negociar los aumentos vía paritarias ¿se habla de esfuerzo compartido cuando los sectores económicos mas pudientes bajan su carga impositiva?

¿Cómo va a poner en marcha la economía? Comercio exterior planchado, caída del gasto público y del mercado interno también. ¿Podrán las inversiones tener potencia para el despegue? No pareciera ser el caso, ya que los grandes jugadores de la economía mundial todavía están a la defensiva, viendo que sucede con el panorama local e internacional en todo sentido y nadie querrá arriesgar demasiado. Mientras tanto, las inconsistencias en la política económica, a su modo, van surtiendo efecto.

Julián José Otero